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sábado, 8 de marzo de 2014

Los adioses que no se dijeron



No lo querían, como tampoco a la muerta aunque por distintos motivos, es que era tan honrado, decente y serio, es que sabía tanto y lo entendía todo tan bien, casi sin esfuerzo; la muerta no, pero lo prefería por ser el fruto de sus sueños de novia y recién casada, estaban de acuerdo y aceptaban que ese era el camino aunque fuera distinto el que seguían, en medio de las cenizas de sus sueños de madre había dejado claro que ese si era hijo, aunque la mirara de lejos, como pensando no más que él era distinto pero sin decirlo, es que estaba muy ocupado con sus cosas y sueños propios.
Y lo quisieron muerto, que se fueran los 2 en el mismo ataúd, o al menos en el mismo entierro, o siquiera la misma semana; pero por su nobleza y magnanimidad confiaron que los ayudara, que fuera el sostén no solo de sus gustos si no de sus ambiciones, que se ablandara y dejara de ser tan estricto y selectivo, si no ¿para qué tanta grandeza e importancia si no la disfrutaba con ellos?, si no se la iban a reconocer y le tocaba conformarse con un plato de comida y un colchón en el suelo, como los perros, mientras arreglaban los asuntos de la casa y el dinero que había dejado la mamá para todos por igual, más una muy buena suma para él.
Eso era lo peor, que no encontraban la manera de dejarlo sin nada y ponerlo a pedir limosna, haciendo que se olvidara de la capital, tan lejana con sus grandezas y miserias, tan fría y salvaje que los asustaba y los ponía a gritar, mientras discutían lo que veían en ese que se había convertido en un intruso, con su mirada directa y clara, sin equívocos o hipocresías, haciendo las cosas de frente porque lo que hacía estaba bien y no era un problema, y esa resistencia y fortaleza para estar tranquilo en medio de mentiras, violencia y ofensivos desaires. Pero no se resignaban a dejar las cosas así como estaban, aún no habían enterrado a la mamá que se equivocó al cuidarlos a todos, aunque lo reconoció en sus últimos días; algo tenía que pasar que confundiera esa mole de frialdad, conciencia y lógica, aprovechando que se reunían los parientes, aprovechando el cinismo y la crueldad de algunos, alguna palabra descortés, algún comentario injustificado sobre las cosas del forastero, tal vez la discusión que tantas veces habían intentado y que en vida de la madre había fracasado: irracionalidad, calumnia descarada, oposición sistemática a su presencia, forma de vida  y pensamiento, cualquier capricho convertido en la batalla final entre ellos, que si habían sido hermanos ya no se querían ni se miraban como tales, ni ante el cadáver de la que quiso enmendar su olvido en sus últimos días, dejándole algo especial.  

     -          ¿Qué le decimos para que se enoje?- preguntaba la malvada hermana, viéndose así como una bruja- tal vez si le decimos algo de esa vieja.

     -          Ya está enojado pero no lo dice porque sabe que si no dice nada nos friega- respondía el hermano alocado, con su cizaña a la vista- ¿por qué no se le acerca y lo toca?, si se anima lo tenemos cogido.
-          Esas cosas a él no le importan pero las desprecia y así no hay cómo- responde la bruja haciendo el gesto de clavar las uñas-, invítelo a beber, lo deja borracho y yo le caigo encima para dañarlo.

     -          Usted me deja toda la responsabilidad a mí y luego se quiere hacer la santa- airado el loco, muerde palabras, se revuelve y extravía la mirada en un mar de sombras siniestras.
-          Hablémosle de la vieja, le decimos que sufría por él y que tiene la culpa de haberla hecho sufrir- suspira ella, casi un gruñido suave soñando en el casi muerto y su dinero-eso tiene que dar resultado: cuando se defienda lo fregamos negándole cualquier cosa que diga, el argumento que sea.

     -          Usted verá1 pero a mí me ha dejado con los crespos hechos, me mira no más y se calla como si supiera la clase de vida que le tocó a esa vieja- con tristeza de loco embrujado, con dolor en los ojos se calla-, siquiera se murió aunque lo tuvo en cuenta y nos fregó dejándolo mejor que a nosotros.

      -          Mejor no hablo con usted, no sirve para nada y se me quiere tirar la idea, si estoy pensando una cosa ¿por qué me lleva la contraria?, ¿no será que también se quiere morir?- insinuante se para y se va hacia la cafetería de la sala de velación, donde ve al forastero, rodeado de gente.

      -          Quiubo, hermana, ¿quiere tomar tinto?2, ¿y Pepe ya tomó?- sin preocupación le habló Jorge, su enemigo favorito; (“¿será cierto que pagan todo ese dineral por matarlo?”, pensó Isabela, Caína y mosquita muerta.

     -          ¡Uf, qué pereza tomar tinto!, estoy cansada de tomar- y quitándole el pocillo de la mano terminó así- déjeme me tomo el sobradito3, ¿no lo ha babeado?

      -          Yo no soy un cochino, mejor pida uno y deja lo que no se quiera tomar, que yo me quiero tomar el mío- pero no se lo devolvió.

Entonces Jorge dio la espalda y se fue entre desconocidos, gente que no recordaba y que tal vez ya lo habían reconocido, aunque no dijeran nada, se conformaban con sonreír y mirarlo de lejos, envidiosos y codiciosos, malignos en su interés; ¿alguno sabía las cosas que había hecho, soñando oírle confidencias, secretos especiales, no las cosas comunes que se chismosea en los corrillos?, seguramente se soñaban tomando parte en decisiones y acontecimientos históricos, pero no se atrevían a hacer nada, es que eran tan distintos, tan alejados tal vez desde niños, con los primeros sueños, es que había tantas cosas para olvidar, tanta cobardía, deslealtad y traición alejándolos de su dicha. Pero un grupo de las famosas beatas empezó algún rezo y Jorge se animó a participar, dejando sola a Isabela con el tinto que le había quitado, y echando fuego por dentro, ella, fingió interesarse pero se quedó distraída en el reino del Nunca-Jamás, aquel reino al que le rendían tributo casi todos los de aquel velorio pero en el que se destacaba Isabela; ya se sabía cuál era el reino que se soñaba, donde sin ningún esfuerzo lograba lo que quería y gozaba, mandaba e incluso mataba, reinita de pacotilla le decían y no se preocupaban por no entender sus delirios, su forma de vida, no mera vanidad y entretención.
Todos los que tenían algo que ver con doña Esmeralda, allí en la sala de velación, se hacen  presentes ante el ataúd, los 3 hijos, algunos nietos, sobrinos, primos, unas amigas de cuando estaba soltera, la señora de la tienda diagonal a donde vivía; y empieza el coro de oración aunque cada cual seguía en su propio mundo, no se fueron por el camino de la cruz, eso no era con ellos, pero miraban con disimulo al único que parecía de verdad, no una careta de lo que sea con cualquier contenido oculto. No era tanto el misterio porque ya eran conocidos de vieja época y las cosas ocultas con el tiempo se conocen, no se podía confiar en el lobo que habían visto de vez en cuando, pero se descuidaban soñando, pensando que el intruso se iba en unos días pero se podían quedar con su gloria, ¿quién quita?, tal vez hasta los nombraran para un cargo importante, de reyes o emperadores y sin sacrificarse como Jorge, el forastero, al que temían porque siempre los veía como eran y, aunque no decía casi nada, dizque la buena semilla hay que saberla sacrificar, dizque no tiraba sus perlas a los cerdos, pues hablaba al verdadero ser que se escondía en costumbres, ritos, rutinas, solo a ese tal morando en las sombras, sin presionarlo nunca y dejando que decidiera su destino, en medio de la ignorancia y sueños absurdos.
Tenían que salir todos, a las 10 y ½  de la noche cerraban la sala de velación y hasta el otro día, bañados, perfumados, vestidos con sus mejores galas funerarias, se volverían a ver y a seguir con el ridículo papel del que no mata una mosca pero quisiera tener cómo, como si se merecieran ese dudoso honor y se los estuvieran demorando; ¿Jorge?, él había logrado que grandes líderes, jefes muy importantes a nivel internacional escucharan sus palabras y las discutieran, poniéndose a hacer camino con los resultados, incluso se decía que había mucha gente a la que manejaba con el meñique de la mano izquierda, a pesar del pensamiento que había desarrollado de servicio, fraternidad y justicia, sí, lo escuchaban y seguían su camino pero por confiar en su sabiduría, bondad y espíritu de sacrificio, nunca que hubiera echado un cuento y los manipulara y violentara. Eso era lo que no pensaban, en sus calidades de amigo del amigo y buen compañero, pensaban no más en quitarle un tinto y tomarse el sobrado, invitarlo a la esquina a fumarse un cigarrillo, decirle lo felices que eran y confiar que los mirara grandiosos, para ser admirados por los demás y acatados, además había la posibilidad que alguno se enojara con Jorge, y quisiera explicar las cosas a su modo violentando toda razón, ¿qué tal que así la gente cayera a los pies de uno y no pudieran resistir más sus caprichos y pequeñez?.
Por ejemplo, uno de los amigos de juventud, uno que también participaba de las honras fúnebres, rezos, tinto y charla con los que se pudiera, había pensado que era su oportunidad gloriosa, tal vez nunca más, en lo que le quedaba de existencia, podría obtener la admiración y el respeto de la gente del pueblo, de tal manera que lo compararan con los grandes y le permitieran vivir así; entonces se dijo que tenía que hacer algo para aprovecharse, algo que nadie más iba a hacer y fue que al día siguiente, cuando se encontraron de nuevo, lo invitó a almorzar, el entierro sería por la tarde y ya estaría consagrado como algo único, algo tan especial que no tendría sombra, incluso los líderes del país y los grandes del extranjero lo sabrían y se acercarían a escucharlo, pero no los miraría, seguiría como si nada demostrando su autoridad e importancia.
Jorge no podía, estaba en la casa de la finada, su mamá, y allí vivían la hermana, Isabela, y 2 de sus hijos, la mayor estaba lejos trabajando, además Pepe estaba de paso unos días, eso decía hace tiempo por no irse a llevar del bulto4 a cualquier parte, donde no lo conociera nadie para no tener que explicar nada y pasar la vergüenza de reconocer su fracaso; entonces Jorge le dijo a Tití, apodo del amigo que realmente llamaba Eduardo, que le gustaría mucho pero que tenía que estar en la casa, por si acaso lo llegaban a necesitar para algo, que mejor en otra ocasión. ¡Qué amigo tan comprensivo!, ¡qué amigo tan realista!, si era lo que había que hacer no había ningún problema, en otra ocasión sería; pero por dentro iba la procesión, él no se iba a dejar que lo despreciaran, a él tenían que admirarlo y la mejor ocasión era durante el velorio por la mañana, saldrían a almorzar temprano, lo demoraría lo más posible y llegarían justo cuando estuvieran iniciando los últimos rezos antes de salir para la iglesia.

       -          (¿Qué pasó hermano, por qué la demora?, íbamos a empezar sin usted- sería todo dicho delante de la gente más elegante y perfumada y le preguntarían al maldito Tití- ¿nos honra acompañándonos a la oración y después a la misa?)- ¡Ah, qué vida la que se daría!, con solo hablar se daría el gusto que fuera- soñaba y pensaba el tal Tití).

Jorge supo esto y miró de frente sin darle importancia, le habló al hipócrita y calló, solo ese camino y los demás tuvieron que seguir con tal rutina, sin poderse salir de sus papeles y sueños de codicia y ambición; Jorge tuvo cuidado pero no se preocupó, sabía lo que era eso para ellos, no solo Tití, tener que mirar de frente y no tener más que su farsa, ¿qué hacer para enfrentarlo y obligarlo a entregar su peso y talla descomunales?, aún no habían comprendido lo absurdo de su sueño, y nunca lo comprenderían, porque tenían que renunciar a la comodidad, ausencia de sacrificio y conformismo, lo que era imposible, estaba en su naturaleza mediocre en todos los aspectos de la vida. Entonces Tití tomó una decisión radical, lo mataría cuando fueran a entrar a la iglesia, allí acabaría con su vida del montón y sería famoso, todos lo aplaudirían y dirían de él lo que decían de Jorge, ¿cómo sería esto?, pues no lo pensó más solo lo decidió y hasta ahí llegó su coraje pues no se atrevió a dar la cara, no pudo ni siquiera intentarlo y pasó al olvido, mezclándose con los demás en la puerta de la iglesia y despidiéndose de Jorge. Desde ese momento no volvieron a charlar si no una vez, en otra ida de Jorge al pueblo, en que ya se había olvidado el entierro y lo del almuerzo, no lo volvieron a mencionar, pero Jorge siguió mirando las cosas de frente sin dejar de ver hipocresía, envidia y maldad, siguió con su sacrificio, lejos de la gente que no había respetado ni siquiera el cadáver de su mamá y su último adiós.  
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       1-      Usted verá: Usted piense y decida
       2-      Tinto: Bebida hecha con café y agua.
       3-      Tomar el sobradito (o comer): Señal de afecto y cariño, incluso de coquetería.
       4-      Llevar del bulto: Pasarla mal, tener dificultades, aguantar hambre y desamparo.





jueves, 6 de marzo de 2014

Dios los hace para que se junten (Parte 5)



XII

La palabra estaba dicha y era sagrada, tenían un compromiso que no era la cumbre más alta de sus sueños pero los hacía muy felices, tal vez en otra ocasión, tal vez encontrarían la manera de hablar de los dos y se atrevieran, solo era cuestión de un poco más de confianza pero ya lo sabían, en cualquier momento oirían esas palabras de sencillo y puro amor, con que los jóvenes se comprometen a ser novios, un beso se darían y cogidos de la mano olvidarían todo lo que fue su vida antes de encontrarse y comprometerse. Lo bueno es que tenían muchos motivos, pensaban ambos sin decirse nada, y uno de ellos, uno de los más importantes eran las palabras de Guillermo Giraldo iluminándolos, enseñándoles a construir su mundo perfecto y a encontrar el camino, ¿qué decía él que fuera amor?, pues si uno entiende lo que es la vida, la familia, el pueblo y el amor, sabe que todo se reducía a esa palabra, y lo estaban empezando a entender de esta manera.
Cuando Antonio y Judit se despidieron y tomó cada cual por su lado, Judit entró a su casa y encontró a su familia frente al televisor, viendo un seriado nacional sobre policías y crimen organizado y conversando; era un interesante documento que le servía a Efraín y Eloísa para ilustrar y orientar a los menores de la familia, eran otra mujer y dos hombres, uno de los muchachos de 12 años, el otro de 9 y la menor de la familia de 6 años, todos muy juiciosos, responsables y bien orientados, como Judit que los saludó a todos alegremente y se sentó con ellos a ver el seriado. La mamá se quiso levantar a servirle la comida, pero Judit le pidió que esperara, en los comerciales irían las dos y la servirían en un momentico; pero no se puso Judit a contar cómo le había ido, solo dijo que muy bien y se pusieron a contarle el episodio, para ponerla al tanto de lo que había pasado; en ese caso los muchachos tenían algo qué explicar, sus padres ya lo habían hecho y ahora les tocaba a ellos, ¡qué alegría poder hacerlo!, más aún, eran los menores enseñándole a la mayor, la que más sabía porque llevaba más tiempo escuchando y por ser tan estudiosa. Entonces estaban pasando un agradable momento en familia como siempre, Judit escuchando las explicaciones de sus hermanitos como si nada y muy atenta a lo que hicieran o pasara, y esto lo notaron incluso los pequeños, supieron que tenía algo qué contar, algo especial, ¿sería un descuido de Judit, o una indiscreción?, no, es que quiso más que nunca demostrarles su cariño, hacer ver lo feliz que se sentía con ellos, compartiendo un momento tan lindo, toda la vida se querrían mucho y nada podría separarlos; esto no lo dijo pero era su actitud, como si lo diera por sabido y los demás la notaron distinta. Hubo comentarios al respecto, todos lo comentaron, pero Judit no quería hablar de eso que la hacía sentir tan feliz, después sería y no le pudieron sacar una palabra, allí no la iban a forzar, ni Efraín ni Eloísa que tenían autoridad y sabían lo buena hija que había sido siempre, simplemente la dejaron con su secreto, que para los dos esposos no lo era, trataron que estuviera tranquila y se fueron a dormir satisfechos de un día más de esfuerzo, y llenos de ilusión porque su hija mayor se estaba convirtiendo en una jovencita muy culta y bien educada, que podía tomar sus propias decisiones sin que se alteren la armonía y equilibrio que desde siempre habían cultivado en su hogar; ellos no podían vivir las vidas de sus hijos, ni estarían con ellos a su lado para siempre, pero creían que esa armonía no se podía alterar si estaban actuando con responsabilidad y sentido práctico por la vida, la familia y la patria, eso era lo único que pedían, lo único que los preocuparía, ni siquiera el hecho de tener algunas costumbres algo anacrónicas solo por gusto, porque no creían que todos tenían que hacer lo mismo.
Mientras tanto Antonio se fue para su hotel a estudiar, pensó que era mejor revisar los apuntes y lo estuvo haciendo hasta el noticiero de la medianoche, en que se sentó en la solitaria salita que había para ver televisión; con esto dio por terminada la jornada y se fue a dormir muy ilusionado con el porvenir que se le presentaba, estaba seguro que don Efraín, doña Eloísa y todos los demás compadres lo podían ayudar a conseguir trabajo, y buen trabajo, ojalá en el campo, lo que fuera que cualquier cosa sería un buen comienzo, sabía lo que se puede con dedicación y estudio, dos cosas que caracterizaban el medio al que se había conectado; por ahora era solo un estudiante inteligente y novato activista popular, pero no más con el grupo que había estado de paseo tenía 8 voces que lo presentarían como es, y creía que eso sería suficiente para tener apoyo. Además estaba el asunto con Judit, era cosa seria, en él que no era capaz de interesarse por cualquier cosa o persona se había convertido, en tan poco tiempo, en algo que lo hacía pensar todo con mucha seriedad y cuidado; en todo momento se descubría con pensamientos de cálculo y proyección, su vida, las distintas etapas por las que tenía que atravesar, madurando y haciéndose conciente, de la responsabilidad que representaba el darle pábulo a ilusiones y sentimientos de alguien tan especial, su inteligencia e inocencias eran destacadas, a alguien que bien valía toda una vida de sacrificio y felicidad compartidos (“!uy, otra vez pensando lo mismo!”, ¿será que se estaba enamorando?) y no se estaba engañando ni equivocando con los cálculos que hacía, no necesitaba muchos testigos y tiempo para saber que valía la pena, lo mejor era tomar las cosas con calma y pensar en otras cosas primero, que si seguían las cosas como iban, iba a estar pensando durante mucho tiempo en Judit y tratándola muy seguido. A propósito, recordó los apuntes del maestro, como le dijo a don Guillermo Giraldo, y supo que estarían juntos mucho tiempo, afortunadamente era buena, porque ese corazón suyo que había cuidado siempre tan bien, pensó, ya no le pertenecía, lo había dejado en sus manos, en el parque, hablando entre ellos y de ellos, esa primera vez. Así se durmió, ya no preocupado por sus asuntos sino confiado y viendo que podía sobrevivir y avanzar, sería muy experto y conocedor aprovechando el esfuerzo y la experiencia de don Guillermo Giraldo, el maestro, su maestro. ¿Qué habrá pasado, por qué en el primer lugar al que llegó encontró su fortuna, la que buscaba y quería para él?, a veces sucede, es cierto, pero se admiraba y maravillaba que le hubiera sucedido todo lo que quería, tan pronto y casualmente; ¿sus padres, su familia?, tendría que escribirles, mejor que por teléfono, contándoles todo pero iba a esperar unos días, hasta que tuviera definida, con mayor claridad, su situación, confiaba que se alegrarían y lo acompañarían, ya que él no quería ser un burócrata, el rey de los burócratas o cosa alguna por el estilo.

                                                            XIII

¿Qué lo esperaba en este nuevo día, qué sorpresa y maravillas?, era mejor tener esta confianza, sabía que se podía repetir y así lo esperaba, trabajar todo el día con empeño, acudir presuroso a su cita con Judit y un nuevo mundo que se había abierto ante sus ojos, sería un gran mundo, más que ilusión y sueño, realidades por las que se vive. Saltó de la cama con los primeros rayos del sol y salió después de bañarse y vestirse, desayuno en la plaza de mercado y se puso a trabajar casi de inmediato, solo lo detuvo una breve charla con los compañeros, que le preguntaban cómo le había ido la tarde anterior, querían saber qué habían estudiado y quedó en que les pasaría en cualquier momento una copia de sus apuntes. A eso de mediamañana vió con agrado que se acercaba don Efraín Martínez en persona, sonriente y saludándolo con aprecio y señal de respeto, como si fuera de confianza y estuviera hablando con un amigo del alma, ¿sería que Judit le habló de ellos?, o ¿sería que había comprendido y lo tenía por alguien honorable y de valía, mejor dicho lo aceptaba en su familia con confianza?. De inmediato notó un cambio, muy bueno y favorable para él, en la conducta de la gente, lo miraban ¿sin tanta confianza?, no, ellos entendían la clase de gente que era don Efraín Martínez, su seriedad, experiencia y confiabilidad, por lo que estaban seguros, desde ese momento y para siempre, que ese joven tan trabajador y simpático, que les había caído tan bien a todos, definitivamente era un caballero, alguien honorable al que había que tratar con respeto y en quien se podía confiar; además lo habían estado tratando entre todos los compadres y esos juicios que se habían emitido tenían que ser muy claros, para demostrar ese gusto e interés en el joven, que, según habían dicho por su observación, los trataba como algo muy valioso, lo único que importaba en la construcción en que estaban empeñados los Giraldo con los Martínez y sus allegados, en otras palabras se supo que había llegado de otra parte hace unas horas pero todos se vieron identificados con él y él con todos, mientras hablaba de la gente trabajadora, porque hay otra que no cuenta para nada. Por ejemplo, el par de mancornas de que les hablé al comienzo, que Antonio confundió con un par extraterrestres  tal vez, y que se sentían como pez fuera del agua en un sitio en que todo era trabajo, y que se molestaban tanto con cualquier actividad del pueblo; estos se reconocían desde lejos por ser tan distintos, contrario a lo que pasó con Antonio, que solo era alguien más, uno de su misma especie, sangre y vida.
Don Efraín, así le decían todos, no venía solo a saludar, él había visto el interés de Antonio por trabajar para el pueblo, creyó en su capacidad y pensó que sería una buena idea ayudarlo, por eso le ofreció un trabajo. Un hermano, Alfredo, tenía una pequeña finca y quería iniciar un criadero de gallinas y producción de huevos, sabía lo que tenía que hacer pero sin gran experiencia; por eso necesitaba alguien que se preparara muy bien, estudiando los secretos de tal actividad, para eso iba a empezar con un pequeño criadero, con el cual capacitarse poco a poco, y necesitaba a alguien que se encargara de todo, pero tenía que ser alguien estudioso que aprendiera incluso la administración de tal negocio; de esa parte se encargaría Efraín en persona y lo demás con el conocimiento que había y el que adquiriera, cursos por internet, literatura agropecuaria y videos que se conseguían por montones. Por eso se les ocurrió que Antonio podía servir, era estudioso, responsable y honrado, no era mucho tiempo para conocerlo pero ellos lo habían probado, lo estudiaron con mucho cuidado y supusieron que no arriesgaban nada, no podían estar equivocados en su apreciación y juicio.
Don Efraín se sentó al lado de Antonio, en un bulto de plátano que tenía para empacar, y le contó de qué se trataba, estaría en un buen lugar, aprendiendo y ganando un buen salario, eso sería más de lo que estaba haciendo y podrían seguir tratándose, siempre había tenido interés en ayudar a los jóvenes que querían progresar con estudio y trabajo.

      -       ¿Qué dice usted, Antonio?, ¿se le mide a ayudar a montar un criadero en grande con mi hermano?, fíjese que le tocaría trabajar muy duro y tiene que estudiar el negocio, porque si no es así pues no sirve- mirándolo trabajar le preguntó y esperó su respuesta.

     -       Pues claro que sí don Efraín, me gusta mucho la idea, solo quisiera saber cuándo empiezo y avisarle al patrón para que consiga otro que se encargue, no me gustaría dejarlo colgado con el trabajo- y esperó confiadamente respuesta.

    -       Tan pronto pueda me avisa y empieza de inmediato, no es sino que se vaya para la finca y se le dice lo que tenga qué hacer, para que empiece a organizar todo, ya tienen listo lo necesario para comenzar- así aclaró todo suficientemente y esperó respuesta.

     -       Listo, don Efraín, quedamos en eso; ya mismo le aviso al patrón, supongo que esta tarde quedo libre, si no es que se consigue otro empleado antes, ¿puedo ir a su casa a avisarle cuando esté listo?- y era una sonrisa completa, extraordinaria la que se vió.

      -       Entonces me avisa, lo espero por la noche en mi casa, a las 7 y ½ de la noche, para que hablemos- y se fue dándole la mano como a alguien que se aprecia.

Así las cosas, Antonio recordó, poco después de que don Efraín se fuera, su cita con Judit y le pareció que estaba metido en un problema, si no iba a la cita con ella, quién sabe cuándo pudieran volver a verse; tendría que hablar con ella en secreto para confirmarle la cita, en caso que se demorara y se le dificultara cumplirle, o ponerse otra cita en un momento en que pudieran hablar a solas. Esta situación le generó un torbellino de emociones, ideas y pensamientos que lo tenían confundido y preocupado; tal vez no era sino que se preocupaba demasiado pudiéndose quedar tranquilo, no tenía por qué ver un problema cuando aún no lo había, aunque era mejor estar listo para lo que pudiera pasar: él no se ahogaría en un vaso de agua y mejor olvidó el asunto, ya vería cómo salían las cosas y le cumplía a ambos.
Al rato de haberse ido don Efraín buscó al patrón y le avisó que no podía seguir con su trabajo, le explico los motivos y le dijo que ojalá consiguiera pronto otro empleado, mejor si fuera para ya mismo, no quería dejarlo colgado pero no podía seguir con el puesto.

    -       Claro que sí, hombre Antonio, no se preocupe por eso, mañana ya le tengo reemplazo, y me alegro por usted, con don Alfredo se trabaja muy bueno y seguro que le va a ir bien; ahora mismo le tengo el pago del día y le deseo mucha suerte- y se fue el patrón a sus quehaceres, dejándolo con sus pensamientos y sueños.
Esa noche fue la mejor de su vida, tenía una gente, muy valiosa para él, que lo recibía en su hogar sin recelos ni desconfianzas, más allá de la cordialidad y simpatía, eran amistosos y generosos con su hospitalidad, y él, que era tan correcto, no los iba a defraudar, le ofrecieron su amistad y él apreciaba eso más que cualquier otra cosa, así que les tenía que corresponder y hacer lo que fuera por su felicidad; ¿Judit?, era el sol que iluminaba su camino, era el comienzo del mundo soñado y por ella haría el sacrificio que fuera, sabía que estaban muy jóvenes para pensar en otras cosas, pero eso no lo preocupaba, podía esperar que, como dice cierta canción: “cada fruta es madura en la época justa y en justa medida”; además don Efraín y doña Eloísa eran gente inteligente y comprensiva y los sabrían orientar y apoyar, con ellos tendría la familia que había dejado atrás, a lo lejos, y que ojalá, aunque siempre habían esperado de él algo distinto, aceptara su decisión y camino. No olvidaría que estaba al comienzo de sus sueños y que estos no serían realidad sino después de mucho esfuerzo y un largo recorrido; y no estaba mal que cultivara sus sueños, que soñara junto a Judit y con ella, pero había que ser práctico, ir adquiriendo experiencia y tener confianza que ya tenía motivos para eso, sin importar cuantos obstáculos hubiera, los problemas que surgieran ni las amenazas presentes o futuras. Tenía a Judit que era lo más importante, más adelante podrían formar una bonita familia, como la de don Efraín Martínez con doña Eloísa Giraldo, y así construirían el mundo que amaban y soñaban, su vida cultivando las bienaventuranzas para siempre, el paraíso prometido.   


Dios los hace para que se junten (Parte 4)





Hasta aquí lo que leyeron, y se pidió un momento de silencio pensando en estas palabras, con esto pretendían enseñarse desde el comienzo que lo que se diga sea fruto de la reflexión, no una declaración irracional que solo conduce a perder tiempo, así irían más rápido en el conocimiento y ciencia que necesita el pueblo para su vida; y dijeron muchas cosas, recordaron lo que había pasado la tarde y noche anterior, cómo los habían agredido negándose a conversar, ¿tal vez sería algún guardado, que estaban esperando que se enfriaran las cosas para echárselo al bolsillo?, sí, ellos creían unánimemente que lo habían intentado y lo iban a seguir intentando, por eso había que estar alertas, seguirse organizando y movilizando hasta que el proyecto estuviera finalizado; después tendrían que seguir haciendo lo mismo con los demás asuntos, pero eso no debía preocuparlos, debían tener su mira puesta en su desarrollo como personas y que cada circunstancia tendría su reto, y de la correcta respuesta saldrían luces para servir al pueblo.
Este ejercicio lo repitieron con cada extracto, estuvieron toda la tarde así entretenidos, con breves recesos para oír música, cantar y comer algo. En estos recesos ya se veía a Judit y Antonio mucho más cerca el uno del otro, ya sin disimulo se miraban como algo especial, se hablaban como más que amigos y se atendían entre ellos, ya fuera lo de comer o beber, la música que querían oír, el sentarse juntos, siempre juntos en todo lo que hacían.

                                                     X

Una tarde así, recogiendo la semilla que les habían legado y sembrándola en sus corazones, es especial para esos jóvenes idealistas y patrióticos, no necesitan más para estar bien y ser felices, para dar alas a los sueños y volar con ellos, para mirar unos ojos y comprender que la vida no seguirá igual, no podría seguirlo porque viendo esos ojos se ve el alma propia y son propios los sueños que brillan en esa alma. Todos lo comprendieron claramente y supieron que Judit y Antonio iniciaban con ellos el camino, se alegraron y prometieron nunca separarse, al menos estarían enterados de los caminos que los demás recorrían, estarían acompañándose y se alegrarían o entristecerían con sus amigos, desde la distancia.
Y llegó la hora de las sombras, poco a poco se fueron acercando, con sigilo como monstruos que temen ser notados antes de coger a su presa; primero fue un tímido sol de los venados, uno los contaría y diría que no pasaron de 3, pequeñitos y ariscos que se fueron asustados por las sombras. Los excursionistas sacaron una lámpara de pilas, la pusieron a un lado, apagada, y encargaron a Yolandita que la tuviera lista para cuando se hiciera necesario prenderla; y se dedicaron a mirar el pueblo, sentados al borde de la mesita, con la botella de vino que habían llevado, mientras se encendían las luces del pueblo e iba muriendo el día, había sido un día especial que no olvidarían y se sentían tranquilos, todavía animados para conversar un buen rato. Alguien recordó lo de la marcha campesina y el apoyo popular que habían recibido, dijo que el gobierno no había previsto el gran apoyo que recibieron de todos y tal vez por eso se habían resistido a realizar las obras a las que estaban obligados, no solo que la ley así lo exigía si no que eran acuerdos firmados, con los grupos políticos de garantes y sin dudas sobre lo que había que hacer, cada cual según su posición y fuerzas, incluso algunos ilusos pretendían que fuera como familia, no viendo los cachos y cola que se le asomaban a algunos, sin que los estuvieran siquiera mirando.

     -       Esa gente- la del gobierno-, se confió a su astucia y fuerza, no vieron lo que se les venía encima y ahora deben estar preparando maletas, con el policía que disparó- parecían estatuas de piedra con estas palabras, meditando y mirando las luces del pueblo.

      -       Son responsables aunque no hayan comprendido el lío en que se estaban metiendo- habló otra de las piedras, en silencio los demás meditando y mirando las sombras que inundaban al pueblo.

       -       Yolandita, prende la lámpara, que les quiero leer no más unas cuantas frases de mi abuelo- habló Judit en un momento de inspiración, creyó que estaban necesitando en ese momento esas luces.

     -       Claro, hermana, aquí está la lámpara- Yolandita diligente se la pasó a Antonio, al lado de Judit-, ¿de qué se trata esta vez?

     -       Pongan cuidado: “…cuando se ven las cosas y personas con los ojos del corazón sabemos más de su naturaleza y estado que si prendemos una lámpara, más allá de su apariencia hay una historia que les da un valor y relación con nuestras vidas”- así leyó Judit mientras todos miraban al pueblo pensativos.

     -       Me parece que no nos gusta lo que vemos porque hay sombras, amenazas para el pueblo y su comunidad, peligros que se conocen con nombre propio pero que la gente no quiere ni mencionar- dijo Rafael, el de la botella de vino-, tal vez sea necesario que llevemos la lámpara que encendimos aquí, para que huyan esas sombras.

    -       La luz que necesita el pueblo para que no tropiece, si nos toca a nosotros llevársela, necesita tiempo en crecimiento y no creo que estemos listos para una tarea así- sugirió Alberto, el más generoso decían, y que había llevado de todo.

   -       Pero podemos empezar a brillar con nuestra vida sin desviaciones que inspiran los enemigos, ¿qué tal que así aumentemos la conciencia y los luchadores?- para Antonio esto era así y por eso lo dijo.

Y se fue así el rato, todos haciendo algún comentario, sin prisas poniendo cuidado en lo que decían los otros pero siempre mirando hacia el pueblo. Ya sería la hora en que la mayoría estaba sentada a la mesa comiendo, la hora en que si no se reunía y hablaba la familia era porque se había olvidado lo que era tener una y cuidarla, tal vez por andar en malos pasos y no pensar lo que es la vida. Entonces se fueron yendo hacia el pueblo en sombras, con sus cantos y bromas, satisfechos de haber recogido tan buena semilla y soñando que sería posible un mundo nuevo, alguno habría que llevaría tal semilla por todos los pueblos y la sembraría y los alimentaría con ella, para que la vida abundara.

                                                    XI

Con las primeras casas del pueblo, casas de pobreza y  dolor, en que reinaba la miseria vieron que la gente desconfiaba, ¿tal vez no los conocían o era que no les había visto una obra?, se ariscaron y actuaban como si no estuvieran presentes, miraban cualquier cosa, hacían cualquier cosa, gritaban pero no sorprendieron ni una sola mirada, ni los niños ni los perros, ¿qué sería?, ¿tendrían miedo o es que no se resignaban a su suerte?, y esperaron pasar las casuchas esas para hacer un comentario, uno solo pero que bastó para que no conversaran el resto del camino.

      -       Parece que no tienen voz, parece que son de un mundo ajeno y lejano al nuestro, será por eso que se quedaron como quietos, mera astucia del que no tiene nada que dar ni decir- pensó en voz alta Fernando, pensó que se sentía solo en ese mundo y lo dijo-, estábamos menos solos en el mirador.

      -       Tal vez sea cierto lo del mundo ajeno y lejano pero eso es nuestro error, no es cosa de ellos; y sí tienen mucho qué decir y dar aunque no tengan ni para comer, o si no ¿de dónde sacó Guillermo Giraldo sus experiencias y reflexiones?- palabras de Antonio, de todos en su pensamiento, con las que terminaron de entrar y llegaron hasta el parque.

Se sorprendieron sentándose un rato en su esquina, preocupados tal vez por lo mismo y sin atreverse a expresarlo, ¿por estar madurando la idea?, no, es que se sintieron estériles, áridos y sin fuerzas para la vida y tarea que se habían propuesto, se sentían vacíos a pesar de haber estado toda la tarde asimilando ideas y reflexionando, ¿dónde se habría metido la enorme riqueza que habían saboreado e interiorizado?, ¿qué se habrían hecho tantas luces, visiones felices y amaneceres venturosos?, ¿habrían quedado en la montaña o en algún rincón del camino?. No es que la semilla que se le da a la tierra la podamos saborear, eso nunca ha sido así, primero tenían que vivir el sacrificio, con todo su dolor, antes de llegar al paraíso; además, si habían cumplido su deber y aprovechado el tiempo, no tenían que preocuparse por eso, los frutos llegan y no hay que sentarse a esperarlos. Esto lo estuvo diciendo Antonio que ya para ese momento era su más grande intelectual, se había destacado por su sencillez y claridad conceptual, sin ponerse nunca con abstracciones si no yendo a lo práctico, tenían que pensar no más con cuidado, eso era todo, observando y llamando las cosas por su nombre. Otra vez Antonio mostrando el camino, otra vez pensando y actuando según sus palabras, así como había llegado y empezado a relacionarse, con la misma sencillez convivía con ellos, los iluminaba y enriquecía, ¿sería posible, pensó Judit, que su papá y mamá lo vieran de la misma manera y lo aceptaran en la familia como uno más?, pensaba a solas pero suspiró y Antonio que estaba a su lado, como casi toda la tarde, le preguntó hablándole al oído, repitiéndole unas palabras de una canción muy conocida:

-       ¿Por qué suspiras, qué piensas de mí cuando te miró yo, por qué me dices que no si sé muy bien que sí?- con una sonrisa y en voz muy baja, como si fuera algo muy importante.
-       Por nada, solo que estaba pensando- respondió Judit evasiva.
-       No le creo que sea por nada, y quiero que me diga qué estaba pensando, si no es una molestia- insistió zalamero Antonio, queriendo aprovechar la ocasión para hablar de los dos.
-       ¿Cuándo nos volvemos a ver?, me gustaría que nos volvamos a ver pronto, para que charlemos y vamos a la fuente de soda a tomar cualquier cosa- mirándolo casi de reojo y suspirando suavecito para que no se diera cuenta.
-       ¡Uy!, se le escapó un suspiro, ¿me lo regala?- y haciendo el gesto de que cogía el suspiro y lo guardaba en el bolsillo de la camisa espero respuesta.
Judit se sonrió y le cogió la mano, pidiéndole que le respondiera a su invitación si quería que se lo regalara; esto ya era suficiente para que ambos se tomaran un poquito de confianza y se sentaran algo retirados de los demás para conversar.

    -       Mañana tengo que ir al mercado, tengo varios bultos de frutas y verduras para empacar, me dan ese trabajo y más cuando resulte, así que no podría sino por la noche, después de la comida, ¿dónde nos vemos?- dijo Antonio con la seriedad que un joven de buenas intenciones dice estas cosas.

Esto le llenó a Judit la cara y los ojos de una alegría extraordinaria, le cogió ambas manos y lo miró de cerquitica, como si hubiera encontrado un norte, como si le hubiera hablado de cosas conocidas, de un camino que podía recorrer sola.

     -       Entonces nos vemos después de la comida, aquí mismo, ¿a las 7 y ½ le parece?- sin duda esperando solo un sí.

    -       Pues me gustaría tener tiempo para bañarme y cambiarme de ropa, ¿por qué mejor no nos vemos a las 8 en punto aquí mismo?, si le parece, no quiero llegar oliendo a cebolla y sudor- mejor se lo decía no fuera que fueran solo afanes y llegara tarde.

    -       Está bien, a las 8 en punto, pero lo espero muy puntual- ya confiada y más segura, ya sintiendo la satisfacción de recorrer un camino que conocía muy bien, como el camino a su casa, a la casa de la abuela, al colegio y donde algunas amigas.


Así estuvieron un rato hablando cogidos de las manos, muy tranquilos con la confianza y felices en su corazón, lo sentían todo nuevo aunque aún no lo sabían, solo que eran felices y estaban tranquilos; poco después empezaron a despedirse, cada cual se fue yendo por su lado, menos Antonio que había quedado con Judit en acompañarla hasta su casa; esto lo hacía todo nuevo, nunca le había sucedido a ninguno de los dos, que se quedaran en un punto de confianza y diálogo con alguien, que quisieran estar todo el tiempo con el otro, solo por el gusto de estar juntos, hablando o lo que sea. Y en la puerta de la casa se despidieron, sin darse el beso que estaban pensando y deseando, no por mera timidez, lo que creo es que aún le faltaba un poquito al fruto para estar maduro, y era la relación no sus edades, si apenas llevaban de conocerse desde la tarde del día anterior, eso sí, pensando en el mismo camino para sus vidas, en uno solo de bienaventuranza.

Dios los hace para que se junten (Parte 3)




La gente solo calló viendo la actuación del gobierno, que no queriendo oír las legítimas exigencias del pueblo, siempre en pie de lucha como dicen las consignas, se atravesaba con insultos y amenazas de represión, como si estuvieran ofendidos y el pueblo fuera el delincuente, y la gente lo hizo no tanto por disciplina si no porque así se enteraban de lo que decidía el gobierno, querían saber hasta qué punto había perdido legitimidad y se le podía reconocer el derecho a gobernar; entonces fueron entrando al parque grupos de uniformados, como les dicen en estos casos, y tomaron posición como para desalojarlos, les decían que se quedaran tranquilos, que no se preocuparan pues era solo una precaución para evitar desórdenes y violencia, la gente no sabía qué hacer y decidió esperar, animándose los unos a los otros para conservarse firmes sin dejarse desalojar.

      -       Quédense tranquilos compañeros, no nos conviene la violencia, no se dejen provocar, ya sabemos cómo hacen para acusarnos de cualquier cosa, primero nos provocan y después nos atacan- y se trenzaron en cadena, cogidos de manos y brazos, muy juntos unos de otros.

Y quitándole el micrófono al orador que habían interrumpido, y que habían apagado para discutir tratando de evitar alborotos, el emisario del alcalde le habló a la masa, con voz amenazante, así:

       -       Tienen un minuto de plazo para retirarse en orden o autorizo en nombre del alcalde a utilizar la fuerza pública para desalojarlos; ¡a la una, a las dos, a las tres!, desde este momento exactamente, en un minuto serán desalojados- mirando su reloj y haciendo el gesto a los policías para que procedieran, después del plazo.

Todos miraban al enviado del alcalde, incluso los policías, el parque lleno de gente y nadie decía nada. Pasó el minuto, nadie se movió, todos esperaron un rato hasta que pasados unos segundos alguien tocó un pito, y se formó la pelotera: gritos, patadas, puños, amenazas y la gente a que no se dejaba sacar, todos los manifestantes animándose a que no atacaran, que evitaran la violencia y no se dejaran sacar; así durante un largo rato y de pronto se oyó un disparo, habían disparado contra el pueblo y el representante del alcalde, que todavía estaba en la tarima, echó a correr intentando refugiarse en una casa donde estaban las oficinas de la Registraduría Nacional del Estado Civil, pero lo cogieron. La gente estaba alborotada, exigían que explicaran lo del disparo y la policía con más bríos intentando desalojar a la gente, todo era caos, gritos, insultos y amenazas, hasta que alguien se subió a la tarima, logró coger el micrófono y gritó:

     -       ¡Mataron al representante de la junta veredal de “Los naranjos”!, les pido a todos que conserven la calma y sin dejarse desalojar, esto no se queda así, alguien va a pagar por esto; les repito conserven la calma y no se dejen desalojar, tenemos al representante del alcalde y no lo vamos a soltar, hasta que se presente en persona a responder por el homicidio de nuestro compañero.

La gente estaba asustada y furiosa, esta muerte les recordaba las épocas del terror oficial, en que nadie podía hablar ni decir nada sin que la metieran a la cárcel, le confiscaran los bienes, solapadamente pero lo hacían, y terminaran muchas veces muertos, por solo decir que el alcalde o algún funcionario se había equivocado, abusaba o estaba metido en crímenes, aun sabiéndolo todo el pueblo a la luz del día. El alcalde estaba cerca, a 2 cuadras del parque, en el cuartel de la policía y entendió la situación, se vió en la disyuntiva de que le hicieran una asonada, le llenaran las calles de muertos y lo destituyeran, saliendo para la cárcel o para un destierro definitivo, porque esas cosas no las perdona nadie; además el gobierno departamental o el nacional podían decidir usarlo como chivo expiatorio, después de unos cuantos muertos esto era posible, en el momento que estaba pasando también era posible un carcelazo pero sería más suave, si lograba demostrar que había sido un accidente, pero para eso necesitaba dialogar, tenía que enviar a alguien a pedir conversaciones con los líderes del movimiento cívico, que incluso podía exigir su destitución, pero sería solo eso, así que mandó a su secretario personal y dio contraorden a la policía, tenía que retirarse del parque y dejar a los manifestantes tranquilos, además mandó pedir ayuda para los heridos que hubiera, tal vez se salvara de esa pero tenía que ser muy cuidadoso, por si acaso era necesario, pensó ofrecer carpas para que acamparan en el parque y algo de comida, pero que se quedaran tranquilos, que el problema lo arreglaban ahora mismo.
La gente entendió lo que quería el alcalde, supo que estaban en un buen momento y se nombró una comisión para que fuera a hablar al cuartel de policía con él; la comisión exigió que de inmediato se atendiera a los heridos y que les enviaran comida y lo de las carpas, además exigían que se castigara al culpable del muerto, haciéndolo responsable de lo que pudiera pasar de ahí en adelante. Eso no fue todo, se pidió que la personería y fiscalía se hicieran presentes por sí mismas, no por medio de representantes, para que iniciaran las investigaciones del caso sin que tuvieran tiempo de ocultar, disfrazar o negar hechos y pruebas, todo esto discutido por los líderes de las organizaciones participantes, en representación de sus comunidades, sobre la misma tarima y con la participación directa de la masa toda, pero antes de que fueran a negociar con el alcalde en el cuartel de policía, y con emisarios listos para ir entre el cuartel y la tarima por si fuera necesario. Además se le pedía al alcalde que se presentara en persona, le prometían que le respetarían su integridad y lo garantizaban haciéndose responsables, todos los líderes, de lo que le pudiera pasar, no habría más pelotera; al mismo tiempo le pidieron a la gente que se calmara, se podían sentar mientras esperaban la respuesta del alcalde, al tiempo que atendían a los heridos y se les daba algo de comida.
El alcalde pidió un representante de los líderes, quería discutir con él la presencia suya en el parque, precisando las garantías que se le daban y la tranquilidad ciudadana; así se estuvieron discutiendo en idas y venidas hasta tarde, casi la medianoche, hasta que se acordó que se presentaba, haciéndose responsable del juicio y castigo del culpable del muerto, prometiendo que desde el día siguiente se iniciaba una auditoría de cuentas, un juicio de responsabilidades, en el concejo municipal, por la exagerada demora en iniciar las obras prometidas, él mismo propondría el dicho juicio, aunque lo podía hacer la comunidad con los líderes del movimiento cívico, y, una cosa muy importante, no habría sanciones para nadie, si seguían calmados y en orden y no había agresiones para el alcalde, sus funcionarios, la fiscalía y la fuerza pública. La gente aplaudió entusiasmada, quería que el alcalde se hiciera presente y respondiera, como debía haber hecho desde el comienzo, sin despertar los fantasmas de la violencia oficial y el uso injustificado de la fuerza; así se decidió y se hizo, incluso se le hizo calle de honor, todos muy cansados pero aliviados de la preocupación de tener que soportar oleadas de represión y crimen, desde la sombra y con nombre propio como se recordaba y probablemente se seguía pensando y tramando, había que tener mucho cuidado, pero por ahora podían estar tranquilos si se limitaban a lo acordado, haciendo énfasis en que, lo que estaban exigiendo antes de los disturbios, era no más que les cumplieran lo prometido, acordado y decidido delante de todos, con todos y con una claridad suficiente para que alguno cayera, probablemente el alcalde y el jefe de policía, aunque como los que tenían la sartén por el mango eran otros, caerían por errores de procedimiento, apresurarse en hacer uso de la fuerza, incluso por negligencia del gobierno municipal, o sea, como dice el pueblo en su propio lenguaje, caerían por brutos y los trasladarían a otro pueblo, o a alguna ciudad donde pudieran completar el tiempo requerido para su jubilación y tener derecho a una pensión.

                                                    VII

Antonio y Judit estuvieron juntos casi toda la noche, conversando, leyendo la obra de Guillermo Giraldo por raticos, coreando consignas, gritando, arengando a la gente, en fin todo lo que se les ocurrió, en compañía de Efraín Martínez y los compañeros y compadres que se les unieron. A Efraín Martínez se le respetaba en los movimientos populares, no solo por haberse casado con la hija de Guillermo Giraldo, sino por méritos propios; cuando estuvo en la universidad departamental haciendo una carrera intermedia, Administrador Asistente, había participado en las luchas de los estudiantes por la educación de las clases populares y se había destacado como organizador, orientador, ideólogo y líder, había sido perseguido sin haberse podido nunca sancionarlo ni acusar de nada impunemente, en otras palabras lo habían atacado y, mínimo, se habían chamuscado pero muy feo, aún deben estar padeciendo y buscando la manera de justificarse con mentiras y sofismas. Cuando regresó al pueblo, se reencontró con Eloísa Giraldo, la mejor amiga que había tenido en su infancia y juventud, se pusieron a charlar una noche de verano, estrellada y bellísima, charlaron de todas sus cosas durante la noche entera y al despedirse se besaron, esto era lo mismo que una declaración de amor en ese entonces, en el pueblo, y Eloísa supuso que con eso no más, quedaba todo claro entre ellos, no esperaba que pasará lo que pasó: al día siguiente por la tarde, se presentó muy elegante, con sus padres, a pedirle la mano de su hija a doña Enriqueta Calderón, esto era un poco anacrónico para todos, pero Efraín era así, se entusiasmaba con las costumbres y cosas de sus abuelos, como usar unas botas que fueron de su abuelo cuando estuvo en el ejército, y que le habían regalado cuando niño, las había empezado a usar poco antes de irse para la universidad, o ponerse un saco viejo que cuidó mucho, lo quería como al abuelo, decía, y que lo hacía parecer uno de esos jóvenes que se veían en las fotos viejas del abuelo, otra cosa era que lo admiraba mucho y siempre pensó que, aunque no fuera necesario ir a pedir la mano de Judit con sus padres, en esta época, sería una bonita idea, que fue lo que hizo. Entonces estaba preparado para entender a Antonio, un joven de ciudad que quiere descubrir la esencia del alma del pueblo para así hacerse sabio, participando de la vida y las acciones populares que el pueblo emprende por sus intereses y conveniencia; afortunadamente, creía él, Efraín Martínez, y gracias a la Misericordia Divina, que no se había dejado contagiar por el virus de la violencia, en la que caen muchos idealistas que creen que por tener la razón en sus ideas pueden imponerlas, ¿qué espíritu, qué conciencia, qué vida pueden tener los que no tienen necesidad de pensar porque hay quién lo haga por ellos?, y ¿si no es con estudio y persuasión, tomando posición con cuidado, cómo mostrarle el camino a la gente?, o ¿si se pone el idealista por encima de los demás, imponiendo su pensamiento e impidiendo que entiendan lo que podrían entender para luego tomar camino si se hace camino juntos, cosas como lograr corriente compacta, no una serie de tendencias con nombre de corriente?. Lo cierto es que le cayó muy bien este joven recién llegado, que se interesaba tanto por su hija, le pareció que bien orientado podría llegar lejos, siendo pueblo e intelectual popular, como compañero de lucha, amigo y posiblemente yerno; miraba a su tesorito, su cielito y se ponía a pensar que nunca se había fijado en ningún muchacho, hasta ahora en que, viendo pasar la marcha y después sumándose a esta, charlaron y no se quiso separar de él ni un momento: así es que surgen los grandes amores, compartiendo puntos de vista, participando de los mismos esfuerzos, tomando camino juntos y tratándose con mucho respeto. Pensaba en la clase de hombre que era Antonio y pensaba que tal vez no era de esos románticos como él, que había hecho una visita oficial con sus padres y muy elegantemente vestidos, para pedir la mano de Eloísa Giraldo a doña Enriqueta Calderón; pero Antonio era un joven muy atento, sano, cortés y servicial, se le notaba la clase de educación que había recibido, por eso un detalle que el mismo consideraba anacrónico no importaba, solo que él era un romántico y no pensaba que todos tenían que ser como él, al menos en lo que no chocara con sus principios morales y esencia cultural. Entonces los dejó que fueran y vinieran como les pareciera, entre el gentío y los sitios en que se reunían unos y otros, las otras cosas vendrían después si así tenía que ser; y pensaba esto último no por cierta idea de fatalidad fruto de la ignorancia y la incapacidad de actuar, sino porque lo que hacemos es resultado de un número determinado de variables históricas, que se dan sin que siempre comprendamos lo que decide los resultados; así que tal vez era su destino, pero solo el tiempo lo diría, por ahora ayudarlos a ubicarse en la vida y la realidad que estaban viviendo, ayudarlos a acompañarse y compartir que ellos sabrían qué hacer y cómo hacerlo, con la Gracia de Dios, confiaba Efraín y oraba en silencio.
Antonio y Judit se miraron con simpatía desde el comienzo, se contaron sueños, proyectos, ideales y gustos, se trataron con respeto y cuidado, sin darse cuenta de hasta dónde se estaban acercando uno al otro, moral y espiritualmente; ya se veían como grandes camaradas y compañeros, ya necesitaban verse y saber dónde estaban y qué estaban haciendo, incluso le preguntaban a los demás cuando querían saber del otro, lo que los hacía sentir hermanados e integrados, y se secreteaban todo, cosas había ya que no sabían sino ellos y no le decían a nadie, por ejemplo la canción que estuvieron oyendo, la habían solicitado y la disfrutaron entre ellos toda la noche, sin que se supiera, o el propósito que tenían de ir con algunos amigos a la parte alta del pueblo por la tarde, para ver cómo se iba llenando de luces y sombras, bellísimo decía Judit que se veía, como si fuera otro y el que habían visto durante el día estuviera escondido, o el que guardaba cada cual sin mencionarlo, sobre la conversación que habían tenido sobre amores y noviazgos, sin manifestar más que esa curiosidad que oculta anhelos y sueños, interés y cercanía con el otro, ¿qué pensará de mí, qué diría si le dijera algo?, mejor dejar así por ahora y seguir hablando de la enseñanza de don Guillermo Giraldo o cualquier cosa con tal de no decir más, ni contar su secreto.
Después de que se acordó el juicio popular en el concejo municipal para el alcalde, la gente prefirió irse cada cual por su lado cada cual en lo suyo, confiando en que esta vez sí se cumplieran los compromisos adquiridos por el gobierno y que no hubiera más problemas. Efraín y Judit se habían integrado a un grupo de estudiantes, que disfrutaban de las luces que hallaban en los apuntes de Guillermo Giraldo, habían estado leyendo partes referentes a hechos y experiencias semejantes a los que estaban viviendo, y habían propuesto un estudio a fondo que fueron empezando al calor de los acontecimientos. Cuando pasó todo no se enfriaron los ánimos si no que se enfrascaron en lecturas y comentarios, en una esquina de la calle donde vivía Judit, un nutrido grupo de jóvenes entusiastas de las ideas de Guillermo Giraldo, 7 era un buen número de acuerdo a la ocasión, y tocó recordarles que cada cosa tiene su momento adecuado, que esos estudios les tomarían toda la vida por lo que lo mejor era que se fueran a descansar; así se fueron despidiendo, hablaron de que tenían que verse temprano para planear qué hacer, tenían la idea de ir a los altos del pueblo para verlo anochecer, llevarían una lámpara de pilas y podrían estudiar un buen rato por la noche si quisieran alargar la estudiada, tendrían que llevar algún refrigerio, música para oír durante los recesos, etc.; todos se fueron yendo quedando Antonio de último, que la acompañó hasta la puerta de la casa y le dijo que iba a pensar mucho en ella, no se atrevió a besarla porque quería ser muy cuidadoso, que las cosas fluyeran con naturalidad, desde el fondo del corazón, no como una idea que se tiene por estar solos y cercanos.

                                                   VIII

El nuevo día lucía como que sería uno muy feliz, con las ilusiones que surgían y el amor a la puerta, alegrías yendo de paseo al mirador y el encuentro de los 2 jóvenes, aún en medio del grupo podrían intercambiar algunas palabras, miradas de interés y comentarios secretos, tal vez se cogerían de las manos y mirarían hacia el pueblo, a las estrellas, incluso a los amigos, y seguirían la senda que había trazado Guillermo Giraldo, harían propias sus palabras soñando con un porvenir venturoso, ¡fiesta de la vida rodeada por las sombras que se acercan!, mejores momentos vendrán pero este no se olvida, ¡cómo reían y leían por la noche!, ¡cómo era fácil el sueño y la confianza!, pero ¿habrá entre todas las sombras una peligrosa, una que los lastime?, eso lo verían con la palabra nueva que les surge, verían que hay obstáculos para la vida y que se hace necesario el sacrificio, uno solo continuado.
Antes de mediodía ya estaban citándose, hubo 2 más que se unieron al grupo y acordaron llevar cada cual lo que pudiera, mirando que no les faltara nada: uno llevaría gaseosas tamaño familiar, otro llevaría panes, alguno mortadela y queso, a Antonio le dijeron que él estaba recién llegado y con muy poco dinero, por lo que era suficiente con que llevara la lechuga, otro más avisó que se conseguiría una botella de vino, le pediría a su papá que le regalara una de la tienda que tenían, el de más allá llevaría un reproductor CD y mucha música, a Judit le pidieron que no se preocupara por eso, que ella con llevar alguna copia de las frases de su abuelo tendría suficiente. Claro que Antonio tenía qué hacer, él tenía que preocuparse por su sustento por lo que, como habían acordado la 1 de la tarde para encontrarse, en la esquina en que se habían estado sentando durante la manifestación y tenía la mañana libre, se levantó muy temprano sin preocuparse por el asunto y estuvo preguntando por cualquier trabajo, las tareas que fuese con tal de ganar dinero, aunque aspiraba a algo muy bueno, de acuerdo a su capacitación, por algo habría de empezar. Tanto miró en todas partes, tanto preguntó y busco que tuvo 2 pequeñas tareas durante la mañana: en la primera, muy temprano casi a las 7, un bodeguero de un depósito de comestibles estaba afanado y no quiso esperar los coteros, pues entonces le dio unos cuantos pesos por descargar una camioneta y le regaló unas galletas y una bolsa de confites, pero mero regalo, no pago en especie, por haberlo conocido durante la manifestación al lado de la nieta de Guillermo Giraldo; el otro trabajito fue casi a las 9 de la mañana, en la plaza de mercado necesitaban empacar papas, tomates, cebolla, mangos, ciruelas, guayabas, naranjas, etc. en paquetes para vender paquetes al detal, así se le fue la mañana y quedó en volver al día siguiente, había contado que tenía una excursión a los altos y deseándole suerte le regalaron 1 paquete de ciruelas, pero si se comprometía a volver al día siguiente; así fue, terminó al mediodía y se fue a almorzar a una de las sancocherías de la plaza de mercado, era temprano cuando terminó, así que se puso a pasear por la plaza y sus alrededores, ávido de conocer lo miraba todo pensando que se acostumbraría y tendría mucho qué contar, habría vivido lo que en los libros no es muy claro, solo pista incompleta, sin vida ni pensamiento vivo, eso era bueno, lo mejor, tener en sí la vida donde descansan el poder y la soberanía.
En un paseo juvenil todos van cantando, cantan los corazones, los rostros se iluminan y sale la alegría liberada en canciones, en charla y chistes, mucha actividad como para no dudar que la vida se renuevas continuamente; incluso Guillermo Giraldo se sentaría a esperar un milagro, que los jóvenes lleguen más lejos de donde él llegó y poder descansar de preocupaciones y sueños fallidos, como los sucesos del día anterior lo podían confirmar, la vida encuentra su camino y uno no tiene más que decir cuál es su experiencia, que los jóvenes saben qué camino tomar. Cuando todos estuvieron presentes en la esquina del parque, y después de revisar que no les faltara nada de lo que necesitaban, iniciaron la marcha; iban cantando, llenos de alegría y despreocupación, como si nada más importara en la vida, como si nunca hubieran existido sombras y no fueran posibles, los amigos van confiados, los sueños e ilusiones de Judit y Antonio en secreto, un tal vez y un ojalá en las miradas y seguramente en esos pequeños movimientos con que saludamos, nos acercamos y decimos cualquier cosa.

                                                     IX

Judit y Antonio iban entre los otros 7, no dejaban de mirarse y ayudarse a llevar algún paquete, tan pronto lo cogía Antonio ya Judit le pedía que la dejara llevarlo un rato y lo mismo en caso contrario, animadísimos pero con una idea que importaba más que cualquier otra cosa; todos lo notaron o al menos supusieron que se estaban interesando y dejaron que se fueran por donde querían sin decir nada, claro que los ayudaban, pretendían ayudarlos pidiéndoles un favor, por ejemplo llevar el agua que habían recogido en un hilito de agua por el que habían pasado, o decirles que sostuvieran el alambre de una cerca que pasaron, mientras pasaban los demás, y que ellos se ayudaran solos en la cerca.

       -       ¿Quién lleva los CDs?- se oye una voz en un momento en que quisieron cambiarlo porque había terminado el que sonaba.

    -       Pregúntenle a Antonio o Judit, alguno de ellos los debe tener- alguno tenía que volver a asociarlos.

      -       Nosotros no los tenemos- grita Judit que iba rezagada con Antonio-, deben ir adelante con Fernando, él era el que los traía.

Y todos, siguiendo a una prima de Judit, Yolandita le decían entre todos, que iba con ellos, se volvieron a mirarlos, como si no entendieran cuando dijo:

     -       Si yo creí que la música que voy oyendo viene de ellos, ¿será que no se dan cuenta?- con una expresión que sugería que tal vez no entendía la situación o dudaba-, ¿quién me puede explicar esto?

     -       Lo que pasa- dijo otro de los jóvenes-, es que ellos están esperando un buen momento, para darnos la noticia de que se han hecho músicos desde el día de hoy y para siempre, dejémoslos tranquilos que ellos sabrán cuál es el mejor momento.

Todos reían con estas cosas, Judit y Antonio lo negaban sin mucha convicción, como deseando que ya se hubieran dicho todas las cosas, que las cosas quedaran así como les decía el corazón y sugerían los demás. Todos muy alegres, pero cuando llegaron colocaron sus cosas en un solo sitio, cerca al borde de una mesita con prado que daba a un ladera bastante inclinada, y se propuso empezar por la lectura de algunas páginas de don Guillermo Giraldo; lo harían varias veces comentando y reflexionando sobre lo que leyeran, eran unos jóvenes muy alegres y despreocupados pero estudiosos y responsables.

     -       Tengo una página que me gusta mucho- dice Judit-, es un extracto de comunicado y unas reflexiones, creo que podríamos empezar con eso.

     -       ¡Qué la lea Antonio!, es un buen lector, a mí me gusta mucho como lee- dijo Marina, una de las muchachas del grupo.

      -       Trato hecho, muéstrame la página- respondió Antonio, poniéndose a leer.

Y decía así el extracto con las reflexiones, solo transcribo lo que leyeron:

“…porque los pueblos que se organizan para la guerra, aunque sean fuertes y venzan en la batalla no marchan hacia el progreso y la gloria, solo tendrían la ilusión por un momento y luego el ocaso, su desaparición y olvido. Aquí tenemos el compromiso, ante la opinión pública y todos los sectores populares, de exigir por los medios legales a nuestro alcance y sin desorden ni violencia, a los poderes públicos que se nos atienda y resuelvan una situación que consideramos anómala, por no estar acorde con el ordenamiento político y legal que nos garantiza educación y salud, en condiciones de igualdad; no trabajamos y pagamos impuestos para que un gobierno corrupto e ineficiente nos tenga abandonados, después de años de conversaciones, denuncias y protestas, nos quieren salir con el cuento de que tenemos que esperar porque no hay dinero ni los planes elaborados con nuestra participación tengan valor práctico ni legal…”

Reflexión 1: No es posible sin movilización popular que seamos atendidos y escuchados para resolver nuestros problemas.
Reflexión 2: La organización debe ser continuada no meramente circunstancial porque se pierde la fuerza necesaria para el éxito.
Reflexión 3: Un país en medio de la anarquía no es garantía de derechos y justicia, solo dolor y muerte son posibles en ese caso.

Reflexión 4: La guerra es ajena a los intereses del pueblo, nuestros intereses deben estar con el ordenamiento legal y la organización y movilización popular, ciudadana y patriótica.